El año pasado Japón hacía pública una cifra que sorprendía a medio mundo: 32 mil personas llegaban a la barrera de los 100 años o más, y se sumaban al resto con un total de 65 mil centenarios. Dicho de otra forma, no existe otro país en el planeta con un porcentaje mayor de personas que han cumplido la mágica cifra.
La hazaña suena positiva, especialmente en un país donde la longevidad es tan apreciada que el 19 de septiembre de cada año se celebra el Respect for the Aged Day, una fiesta nacional en la que los miembros del “club de los 100” reciben un plato de sake de plata. Sin embargo, tener tanta gente viva durante tanto tiempo se está convirtiendo en una carga para la economía de la nación.
Las personas mayores, aunque reverenciadas, se están comiendo los recursos a un ritmo que las generaciones más jóvenes no pueden igualar. Un ejemplo: en el año 2014 se otorgaron a 59.000 centenarios el plato de plata, con un coste a las arcas del estado de aproximadamente 2.1 millones de dólares. Si lo comparamos con 1966, el país sólo tuvo que dar unos pocos cientos de estos “premios”. En 1998, el número ya había subido a 10.000, y en el 2016 el Ministerio anunciaba los 65.692.
Dado que el país sólo parece estar envejeciendo, el gobierno ha decidido que 2016 será el primer año en que Japón cambia su plato de plata por una alternativa más barata y “plateada”. Eso sí, los nuevos miembros también recibirán una carta de felicitación por el logro.
Es sólo un ejemplo, pero sirve para entender el gran desafío al que se enfrenta el país para tratar con su población envejecida. En todo la región, una generación de ciudadanos japoneses -en realidad, dos generaciones- están entrando en la edad de jubilación. De los 127 millones de personas que viven, aproximadamente el 25% son ya de más de 65 años.
Además, las generaciones que supuestamente reemplazan a los ancianos no se están “reproduciendo”. Los países necesitan una “tasa de fertilidad de reemplazo” de 2,1 nacimientos por mujer para evitar que la población se contraiga. La tasa de fertilidad de Japón es de 1,4, resultado de que las mujeres se centran más en sus carreras.
¿El resultado final? La economía del país ha ido disminuyendo durante décadas. Esta peligrosa mezcla ha llevado a lo que los economistas denominan una “bomba del tiempo demográfica”, un escenario bastante apocalíptico en el que Japón podría desaparecer si no anima a sus jóvenes a comenzar a tener hijos.
Escriben en gizmodo que lo que parecía una señal en forma de juego para el 4205, comienza a repetirse con demasiada frecuencia. Para un país cuya tradición lo es todo, esos platos de sake “sin plata” son la mayor de las advertencias.